Por José Manuel del Barrio Aliste, sociólogo.

Los debates sobre la despoblación y el desarrollo de Zamora siguen siendo una de nuestras señas de identidad. Tanto es así que si hubiera que seleccionar los principales problemas que ocupan y preocupan a los zamoranos, la pérdida progresiva de población, la caída de la natalidad y el fantasma del envejecimiento son posiblemente los asuntos demográficos que más han calado durante las últimas décadas en los distintos ámbitos (tertulias, conferencias, seminarios, etc.) de Zamora. Unas percepciones que se sustentan en datos reales y que, en este breve escrito, no voy a reproducir. Y de manera complementaria, también se enumeran el bajo nivel de desarrollo económico, los agravios comparativos o el déficit de infraestructuras. Todos ellos aparecen con relativa frecuencia en los medios de comunicación, que no sólo se han convertido en magníficos termómetros de la vida cotidiana sino que además contribuyen a construir la identidad personal y colectiva de los zamoranos.

También los medios de comunicación reflejan la variedad de soluciones que se han reclamado durante los últimos años con el fin de fomentar el desarrollo de la provincia y, de ese modo, encarar los retos del futuro. Así, los pilares del desarrollo serían principalmente las infraestructuras y las inversiones públicas, el fomento del tejido industrial, los incentivos fiscales, el apoyo a los empresarios, la creación de nuevos estudios universitarios, el incremento de las relaciones con Portugal, el fomento de las actividades de ocio, la recuperación y valorización del patrimonio cultural y religioso, la puesta en valor de los productos agrícolas y ganaderos y otras actividades novedosas e innovadoras que pueden dinamizar el medio rural: turismo rural, agricultura biológica, artesanía, energías renovables, etcétera. Un buen ejemplo de lo dicho son las propuestas que la Plataforma Zamora 10 ha puesto sobre la mesa.

Consumidas las dos primeras décadas del siglo XXI, ¿cuáles serían las lecciones que se pueden extraer de los debates sobre la despoblación y el desarrollo de Zamora? En mi libro Voces desde el Oeste. Una radiografía provocadora de Zamora y sus gentes (2002) he tratado de razonar la complejidad de la situación de la provincia. No se trata ahora de reproducir los argumentos allí expuestos. No obstante, sí me gustaría insistir en que los dirigentes políticos, las organizaciones empresariales, los sindicatos y los zamoranos en general tienen que ser conscientes de que el desarrollo de un territorio está condicionado por una variedad de factores interrelacionados, que no siempre son los que aparecen reflejados con más frecuencia en los medios de comunicación. En Zamora, por ejemplo, apenas se habla de algunos factores que son determinantes para explicar el nivel de desarrollo económico y social, a saber: el escaso nivel de cualificación del empleo, la baja productividad de los factores de producción, una estructura productiva sesgada hacia sectores de bajo valor añadido, los frenos a la innovación o la debilidad del capital social.

Pero tampoco debemos dejar al margen el debate sobre algunas ideas preconcebidas. Por ejemplo, sobre el envejecimiento. He escrito cientos de veces que el envejecimiento de la población no es un problema, que como mucho es un reto personal y, sobre todo, colectivo. Aunque algunos se irritan cuando leen o escuchan estas cosas, el hecho de que tengamos casi algo más de 53.000 residentes con 65 o más años, esto es, el 31 por ciento de la población, no significa que los problemas de esta provincia se deban explicar por esta circunstancia, como erróneamente piensan muchas personas. No se puede “culpar” a los mayores de nuestros problemas cuando precisamente son ellos, hoy por hoy, uno de los yacimientos de empleo más seguros en estas tierras. Ahí están las residencias y el resto de servicios de proximidad destinados a nuestros mayores. Un empleo mal pagado y poco reconocido que está salvando la economía de muchas familias. Por eso ha sido tan importante que se haya desarrollado en la capital el I Congreso Internacional Sylver Economy “Envejecimiento Activo y Saludable”, una oportunidad de oro para compartir experiencias de investigación y recursos innovadores con los que prestar una atención mucho más especializada a las personas mayores.

¿Y cómo enfocar los retos de, por ejemplo, el desarrollo rural en Zamora? Resumiré las reflexiones y propuestas que expuse en la Comisión de Entidades Locales del Senado el 24 de noviembre de 2014. En primer lugar, es fundamental conocer las características de “los nuevos escenarios de la ruralidad”. En las sociedades tecnológicamente avanzadas el medio rural ha experimentado mutaciones y cambios muy profundos, que se explican, entre otras razones, por los cambios en la lógica de localización de las actividades productivas, la inversión del sentido clásico de las migraciones y por lo que yo he denominado “la moda de lo rural” (el consumo de signos y símbolos de la cultura tradicional). Aunque estos procesos son más visibles en unas zonas rurales que en otras, sin embargo, no se puede negar que están conformando el escenario de una nueva ruralidad. Por tanto, estas transformaciones espaciales, funcionales y socioeconómicas han afectado a la propia delimitación del ámbito rural y llevan consigo implicaciones para el diseño y ejecución de los programas de desarrollo.
Además, otro de los retos que tenemos encima de la mesa en Zamora, extensivo a otras zonas de Castilla y León y del conjunto de España, es el de la cohesión territorial y social. Así, el Libro Verde sobre la Cohesión Territorial (2008), pero antes la Agenda Territorial Europea (2007), vienen a decirnos que no hay futuro para las áreas rurales sin un tejido social bien cohesionado, sin adecuadas infraestructuras y equipamientos, sin un sistema político legitimado por su eficiencia y transparencia y sin una economía dinámica y diversificada. Y que no hay futuro para las áreas urbanas sin un territorio rural vivo y abierto a los intercambios económicos y sociales. Porque no hay áreas rurales y áreas urbanas separadas entre sí, sino territorios cuya viabilidad depende de la cooperación entre instituciones y de la sinergia entre sus distintos grupos sociales y económicos.

Ahora bien, para alcanzar la cohesión territorial y social se requieren nuevas formas de gobernanza y de gestión del territorio. Es llamativo que, por ejemplo, las demarcaciones de los servicios públicos (educativos, sanitarios, Servicios Sociales, etc.) en las zonas rurales no coincidan en muchos casos, lo que mermaría la colaboración y la cooperación profesional e institucional. Para solventar estos desaguisados, es imprescindible alcanzar un pacto político para gestionar el territorio desde criterios supramunicipales, utilizando las figuras de las comarcas o aprovechando la experiencia de las mancomunidades o los Grupos de Acción Local. Como es lógico, este planteamiento obligaría a los actores locales a asumir nuevas funciones y responsabilidades. Pero sobre todo permitiría que los alcaldes y los técnicos de los servicios sociales, la salud, la docencia, los agentes de desarrollo local y otras organizaciones cooperen entre sí.
Innovar mediante la formación debería de ser también un objetivo irrenunciable. Es posible que algunos piensen: “¿Y qué relación tendrán los asuntos demográficos con la formación?”. En mi libro Desarrollo y desigualdad territorial en Zamora en los inicios del siglo XXI (2009) he tratado de demostrar que los diferentes umbrales de desarrollo de los municipios zamoranos están muy condicionados por el nivel de estudios de la población. Otros expertos han llegado a conclusiones similares. Así, por ejemplo, en el estudio Distribución geográfica del capital humano de los emprendedores, realizado en 2009 por un equipo del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, se confirma que las dotaciones de capital humano de un territorio influyen decisivamente en su capacidad de progreso. Un capital que, en el caso de los emprendedores, está distribuido de forma desigual, con las implicaciones que esto tiene en la localización de la actividad económica, en las posibilidades que presentan las distintas zonas de alcanzar mayores niveles de productividad y, por extensión, cotas más altas de renta per cápita y bienestar.

En resumen, los debates sobre la despoblación y el desarrollo en Zamora deben enmarcarse en una perspectiva temporal y espacial mucho más amplia. Que la población aumente o disminuya en un territorio sólo es relevante si se compara con la evolución demográfica de otros ámbitos a lo largo de una secuencia temporal más dilatada. Ahora bien, los problemas relacionados con el desarrollo no son únicamente de carácter demográfico sino que tienen una naturaleza muy diversa. Por consiguiente, estas cuestiones deben tenerse muy en cuenta en el diseño de los programas de desarrollo y en la planificación de políticas públicas relacionadas, sobre todo, con las infraestructuras, las comunicaciones, las políticas de empleo, los servicios sociales, educativos, sanitarios, etc., recursos que, como se sabe, son fundamentales para la mejora del bienestar personal y colectivo de los ciudadanos.

José Manuel del Barrio Aliste, sociólogo.

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