La posibilidad de reapertura del campamento militar de Monte la Reina nació con el lastre y las consecuencias que suele acarrear una promesa electoral, pues el proyecto fue un envite del propio presidente de Gobierno, antes de las elecciones que llevaron a Pedro Sánchez a la Moncloa en una situación de precariedad. La inestabilidad del Ejecutivo de coalición sería una de esas primeras piedras para algo que se daba como seguro a finales de 2019. Hasta el punto de que el portal de Infodefensa lo publicaba tras la visita a Zamora del entonces jefe del Estado Mayor del Ejército.

La deriva, tras múltiples reuniones de las distintas instituciones, ha llegado a un punto demasiado conocido por los zamoranos por triste experiencia acumulada. Así ha ocurrido cuando se han reivindicado otros proyectos vitales, retrasados durante años entre trámites burocráticos e idas y vueltas de pelota de administración en administración. Lo fue el principio de la A-11, aún sin culminar hasta la frontera con Portugal tras el paso alternado de PP y PSOE por el Gobierno central; lo fue la Autovía de la Plata y lo fue el AVE, que acumula retrasos con administraciones de uno y otro signo. Marear la perdiz viene siendo una peligrosa costumbre para los responsables políticos de esta provincia que paga una dolorosa factura en forma de emigración de sus habitantes.

Los primeros meses de este año la esperanza volvía a lucir, a lo lejos, cuando Zamora consiguió centrar el debate sobre la despoblación, siendo, como es, el territorio más afectado por la sangría poblacional. Hasta la ministra encargada para el Reto Demográfico lo reconoció así en su visita a Zamora donde la mención, en su discurso, del proyecto de Monte la Reina, fue entendida como un apoyo implícito a una iniciativa dependiente del Ministerio de Defensa y, por tanto, del Gobierno central. Pero ya por entonces se adivinaba la dificultad una vez los responsables del Ejército concluyeron sus estudios preliminares y pusieron cifra a la reapertura: 85 millones de euros para los cuales no existía financiación concreta a expensas de los compromisos reales en unos presupuestos generales que siguen sin aprobarse.

La pandemia del COVID-19 y las subsiguientes catástrofes sanitaria y económica han terminado de empañar el cuadro y la polémica está servida en el orden acostumbrado. El PSOE de Zamora ha pecado de torpeza mayúscula al ausentarse de una reunión convocada por una plataforma empresarial, Zamora 10, con la que todos los partidos presumían de mantener relación cordial. Esa ausencia solo cabía ser interpretada como lo fue: un desaire, la evidencia de una promesa en papel mojado, munición aprovechada por los partidos de la oposición para cosechar a su favor mediante interpelaciones parlamentarias cuyo recorrido podemos anticipar.

La respuesta tardía por parte de los socialistas, con ataques incluidos a otras administraciones, no contribuyeron al diálogo necesario entre las partes y sí a alborotar más el patio, aunque viejo es el dicho de que no el que más grita tiene por fuerza la razón. Y en este caso, quien acumula más razones para mostrar como mínimo escepticismo es la ciudadanía zamorana.

Esa ciudadanía a la que se sigue tratando como menor de edad, escamoteándole la realidad de la situación. Asegura el senador socialista Antidio Fagúndez que el Gobierno asume el compromiso de la reapertura a pesar de ser un proyecto innecesario para el Noroeste de España. Cabe preguntarse entonces qué ha cambiado desde hace poco menos de un año para que ese proyecto calificado de estratégico suene ahora como el capricho de un niño veleidoso. Lo único cierto es que la situación demográfica de la provincia entraña un dramatismo de tal calibre que se busca una repoblación para la que es válido cualquier símbolo. Esos 1.200 militares y sus familias lo son. Representan un estímulo al consumo, que no se cierren más negocios, que no desaparezcan escuelas, que no formemos parte del vagón de cola a punto, siempre, de despeñarse ladera abajo.

Por eso, no cabe frivolidad alguna, sino argumentos. Admitamos que, con toda la economía trastocada por la enorme crisis que se afronta, el proyecto de un campamento militar no pueda considerarse una prioridad. Si es así, traten a los zamoranos como merecen, díganse y explíquense motivos. Y a continuación, planteen alternativas a ese posible no, porque cada día que pasa el futuro de Zamora se ensombrece más. Medio centenar de pequeñas empresas y autónomos no han vuelto a levantar la persiana tras el confinamiento. Las últimas cifras de población apuntan a un pavoroso éxodo que ya ha sido trasladado al Ministerio competente hasta por parte del colectivo de Jóvenes de Castilla y León. Ya era una promesa a medio plazo la apertura del campamento militar en un plazo de tres años. Lo mismo ocurre con cuestiones tan vitales como la digitalización: dos años para alcanzar el 85% de la población, según los datos que maneja la Junta de su propio plan de reconstrucción. Todo es demora.

La crisis no puede hacer tabla rasa con lo que ocurre en la provincia de Zamora. No se trata de competir en el puesto de Cenicienta, pero ya es casualidad que vuelva a ser Soria, sí, la misma que cuenta con un partido político nacido del movimiento civil contra la despoblación, la que ha vuelto a capitalizar la atención de la cumbre entre Castilla y León, Aragón y Castilla La Mancha a principios de mes. En la que este miércoles, con el mismo escenario elegido para la gira de los Reyes, el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, anunciaba la puesta en marcha de otro plan especial para dicha provincia que, suponemos, irá más allá de esos 13,1 millones aprobados para el Plan de Reindustrialización de Benavente. Excelente noticia el anuncio de la Junta para los sorianos. Sin duda, el anterior plan regional algo habrá tenido que ver para que dicha provincia ganara población, según la estadística dada a conocer en junio, frente a Zamora, que encabezó la pérdida de habitantes en la conocida como España vacía.

La igualdad territorial se demuestra con acciones, no con palabras. Porque las responsabilidades, como puede apreciarse, andan muy repartidas sin necesidad de que el PSOE lance al Gobierno de PP y Cs en Valladolid la pelota de Monte la Reina, aún cuando el árbitro no ha dado por empezado el partido de las antiguas instalaciones del Ejército. Zamora necesita de todas las administraciones: no es cuestión, solo, de un campamento militar, es cuestión de un verdadero plan de desarrollo, de dinero y proyectos viables encima de la mesa. Lo demás, son discusiones estériles, harto conocidas y, por tanto, inútiles en una situación donde el tiempo apremia.

(Fuente: La Opinión de Zamora).

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