Lo mejor que ofrece el mero paso del tiempo es que pone a cada uno en su sitio y que hace aflorar la verdad sin adornos y sin tapujos. Cuando, en abril de 2017, se presentó oficialmente Zamora 10, muy poca gente daba un céntimo de euro por el futuro de una iniciativa gestada desde la empresa privada en una provincia donde las servidumbres políticas se antojan especialmente complejas.

En un contexto tan complicado, varias organizaciones zamoranas decidieron dar un paso adelante para contribuir a generar más oportunidades para nuestra tierra, concretamente, la Asociación Zamorana de Empresarios de Hostelería; la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Servicios de Zamora, CEOE-Cepyme de Zamora, la Asociación Zamorana del Comercio y Caja Rural de Zamora.

Hoy, el programa pensado para impulsar la economía de la capital y la provincia con una decena de proyectos ya contempla 22 y cuenta con el apoyo o, al menos, con la intención de no obstruir, de todas las administraciones públicas. El trabajo, desde la humildad y la búsqueda del consenso, ha sido muy intenso y ha dado frutos en varios frentes, entre ellos, la Escuela Internacional de Industrias Lácteas.

La puesta en marcha de este proyecto, cuya preparación llevó dos años, tuvo la participación decidida de más de 200 personas vinculadas al mundo empresarial zamorano y se basó en tres pilares básicos: la ilusión por el futuro de nuestra provincia, la confianza en lo mucho que Zamora puede ofrecer y la necesidad extrema de impulsar la economía en un territorio que registra algunos de los peores indicadores de España.

Hacer una lista de todos esos indicadores y explicar con detalle lo que suponen para quienes vivimos aquí exigiría mucho más espacio del que dispone esta modesta publicación pero no hay que tener experiencia en finanzas ni en sociología para poder percibir que Zamora corre un gran peligro.

Entre los marcadores socioeconómicos, basta con aludir al demográfico, que es el más angustioso. El censo de nuestra provincia era de cerca de 260.000 habitantes en 1970, cifra que se redujo a menos de 232.000 en 1980 y que bajó a poco más de 216.000 en 1990. En el año 2000, éramos menos de 202.000 y, en 2010, algo más de 194.000.

El último dato, según el INE, se refiere a la revisión del Padrón municipal a 1 de enero de 2020, que contabiliza en la provincia de Zamora 172.539 habitantes, 61.496 de ellos, en la capital.

En resumen, se puede decir que hemos perdido en el último medio siglo cerca de 70.000 habitantes, que es la población que ahora mismo hay en Zamora capital y en Toro, por ejemplo. Es como si todas las personas que viven en esos dos municipios hubieran desaparecido.

En este contexto, el argumento más repetido desde la política es que el proceso de despoblación es sistémico y se detecta en Castilla y León, en España y en Europa. De acuerdo, la despoblación afecta a muchas zonas pero eso no nos consuela y hemos llegado a hartarnos de palabras tibias y de nombres rimbombantes para definir una situación que empeora a ojos vista.

Ha llegado a ser asfixiante la visión buenista de muchos representantes públicos que, ante cualquier conflicto, rebajan su gravedad, ceden con benevolencia o actúan con abrumadora tolerancia, como si no pasara nada y las cosas fueran a arreglarse por sí mismas.

La Asociación para el Desarrollo Zamora 10 nació del amor a esta tierra y ya ha demostrado sobradamente que sus objetivos son impulsar nuestra provincia con iniciativas factibles y urgentes, unir las fuerzas sociales, económicas y políticas y ayudar marcar, de una vez por todas, el cambio de esa tendencia que nos conduce a ser un territorio irrelevante.

El propio título de esta publicación, ‘Zamora en marcha’, pretende explicar y resumir de forma práctica y directa las acciones propuestas por Zamora 10 para impulsar nuestra provincia desde la unidad de todos los sectores, tanto públicos como privados. Probablemente, las reglas del marketing propondrían que llevase el nombre de la Asociación para el Desarrollo pero ese bombo y ese platillo alejarían estas páginas de su objetivo real y las convertirían en un mero instrumento mediático y de jaleo.

Y es que estas páginas pretenden ser un simple estímulo para espolear voluntades, una llamada a la crítica y, por supuesto, a la autocrítica. No se trata de que alguien deba hacer algo para asegurar el futuro de Zamora: se trata de que toda la ciudadanía, incluida la parte dirigente, se baje del carro para empujar.
Esta publicación recogerá. de forma bimestral un informe del estado de los proyectos impulsados por Zamora 10, como compromiso con la sociedad, renovado en medio de la tragedia vivida por la pandemia de coronavirus y perfilado en una serie de proyectos prioritarios, según definió en pleno confinamiento el Consejo General de la Asociación.

Proyectos prioritarios

De forma urgente, Zamora 10 exige el desarrollo del proyecto de Montelarreina y materializar el compromiso adquirido por el Gobierno de España para ubicar en los antiguos campamentos militares una unidad del Ejército de Tierra.

La conversión en autovía de la N-122 desde Zamora hasta la frontera con Portugal y de la ZA-921, desde Puebla de Sanabria hasta Bragança es fundamental para el desarrollo de la provincia, con la que las administraciones nacional y autonómica tienen varias deudas.

Por otra parte, es insólito que el medio rural siga teniendo tantos problemas de conectividad y comunicación. Es insólito que nuestros pueblos tengan que padecer los efectos de la brecha digital y la pérdida de oportunidades que conlleva.

Además, Zamora necesita zanjar los retrasos en la tramitación de licencias urbanísticas, un problema cuya solución no exige financiación, sino mera voluntad política.

Estos cuatro proyectos reclaman atención preferente, sin olvidar los otros 18 que contempla Zamora 10 y cualquier otro que resulte factible y rentable para la provincia.

La foto histórica de presentación de la iniciativa, con representantes de todas las fuerzas vivas de la provincia, con 200 personas cuyo trabajo y peso específico a favor de nuestra tierra son incuestionables, es el más exigente contrato, que refleja unidad, compromiso y esperanza. Pero, también, firmeza y lucha.

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